LA CEGUERA DE LAS PASIONES
LA CEGUERA DE LAS PASIONES Tenemos, los hombres, la histórica costumbre, de empeñarnos tanto en ciertas ideas, que nos absorben enteros, sufriendo una absoluta simbiosis, que hace imposible que nos separemos de ellas, para recuperar nuestro ser anterior. Pasa, casi siempre, que desde el anonimato obscuro de las sombras, en que nos sumerge la carencia de luz propia, se apodera la urgencia de abrillantar, el bronce grisáceo de nuestra existencia; entonces, buscamos lustrar la corroída armadura con los errores ajenos, desplegando el lienzo de anquilosadas ante propuestas, extraídas del cesto de los cachivaches abanderándonos, de una oposición sin propuestas, que se alimenta con los fantasmas del pasado y futuro, del “pudiera ser”, del “por si acaso”, o simplemente por asociarse a quienes detentan el dudoso merito de usar desgastados argumentos que suenan bien, pero, se pierden en lo abstracto de lo inejecutable. Es imperioso ...