La “Hoguera Bárbara”
Tatiana
Hidrovo Quiñónez, Presidenta de la Corporación Ciudad Alfaro
El 28 de Enero de 1912,
asesinaron, arrastraron e inmolaron en Quito al revolucionario y ex presidente
de la República, Eloy Alfaro Delgado, y con él a varios de los radicales. El
hecho tuvo connotaciones de extrema violencia, que fueron narrados de manera
estremecedora por José María Vargas Vilas: Tras ser llevado a Quito y recluido
en el Panóptico, un soldado del Marañón dispara a Alfaro, luego lo “ultrajan,
lo escupen, lo desnudan, le atan una cuerda a los pies, y lo sacan a la calle”.
Proceden de igual forma con Medardo Alfaro, Flavio Alfaro, Manuel Serrano y
Ulpiano Páez. A Luciano Coral, “le arrancan la lengua estando vivo”. Sacan los
cadáveres y la “lúgubre” procesión comienza. El cadáver de Don Eloy va primero.
“Pocos pasos más y la cabeza es cortada en pedazos; le arrancan los labios; un
bárbaro, le tritura las mandíbulas (…) Un fraile disfrazado le corta los
testículos; le arrancan el corazón, y se disputan en pedazos... ¡Mueran los
masones! ¡Viva la religión! ¡Mueran los herejes! ¡Viva el Sagrado Corazón de
Jesús!... Hombres, de alta sociedad, salen a repartir dinero a los asesinos…
así llegan, los cadáveres a El Ejido… Se hace una pira y se les arroja en ella…
Nadie viene a oponerse a ella; ¿no hay gobierno en Quito? Sí lo hay; pero, es
el gobierno, quien ha ordenado ese asesinato”.
Otro radical, intelectual y
contemporáneo de Alfaro, José Peralta, recoge su visión del sangriento hecho:
“Innumerables relaciones del drama han corrido impresas, llenando de
indignación y horror a las naciones civilizadas del mundo: desacordes algunas
en meros detalles, todas están conformes en acusar a Freile Zaldumbide, y sus
Ministros, a Plaza, Navarro y Sierra, a los soldados del ‘Marañón’ y a los
clericales fanáticos de Quito, como directamente responsables de tanta
inequidad. La opinión unánime los designa como criminales; y ha sido vano,
completamente vano todo esfuerzo de su parte para procurar defenderse de
acusaciones tan tremendas y tan sólidamente fundadas”.
Roberto Andrade, biógrafo y amigo
de Alfaro, acusó directamente a la prensa, sobre la cual dice: “La prensa
sediciosa, satisfecha de su obra nefanda, porque obra de ella es esta situación
anormal de la República, redobló sus ataques contra la administración, que la
toleró hasta el absurdo; y en el desborde de sus iras, fueron la sedición y el
asesinato, el objeto preferido de su propaganda”. Un mes después del
acontecimiento, Olmedo Alfaro, hijo de Don Eloy, señaló igualmente a Plaza, a
Zaldumbide y responsabilizó a los periódicos de oposición: El Comercio, La
Prensa, la Constitución y el Grito del Pueblo, de haber mentido y difamado para
arengar a la opinión pública en contra de su padre y promover su asesinato.
Desde el presente, se entiende el
asesinato de Alfaro y sus seguidores, como un hecho planificado, promovido,
articulado y ejecutado por representantes de la burguesía y los terratenientes,
para controlar el Estado. En efecto, la muerte de Alfaro truncó la Revolución
Radical y permitió entronar un Estado plutocrático, burgués y oligárquico. Los
efectos de la Revolución se comenzaban a evidenciar en la propia sociedad. Los
grupos hegemónicos estaban temerosos de que el radicalismo, apoyado por
sectores urbanos y campesinos, desatara cambios más profundos, tocara la
propiedad de la tierra, limitara la injerencia de los bancos privados en la
política monetaria, ampliara los derechos ciudadanos y politizara más a la
sociedad, desencadenando la agencia popular. La historia recoge el pacto tácito
entre las fuerzas burguesas y terratenientes de la Costa y los terratenientes
de la Sierra, quienes estaban aliados a su vez con sectores retardatarios de la
Iglesia Católica. Leónidas Plaza fue el actor fundamental de ese pacto.
El triunfo de las fuerzas
alfaristas se había producido tras tres décadas de luchas armadas (1864 –
1895). Los radicales, con el apoyo de las bases campesina y urbano popular,
lograron imponerse e impedir que la “Argolla” asumiera nuevamente el control
del Estado (5 de junio de 1895). La correlación de fuerzas determinó la
participación de la burguesía en la primera época de la Revolución; en el
segundo período del Alfarismo se llevaron adelante las transformaciones más
profundas: se consolidaron las libertades y derechos fundamentales; se
estableció el Estado y educación laica; se crearon instituciones civiles
(Registro Civil); se nacionalizaron los bienes de la Iglesia y se la separó del
Estado; se incluyó a las mujeres en el espacio público; se apoyó la
organización artesanal; se protegió a la naciente industria nacional; se
concluyó el tren Quito – Guayaquil; se dispuso la moratoria de la deuda
externa; se impuso el patrón oro, y se mantuvo latente un espíritu de
integración latinoamericana. La ideología radical de Alfaro, su patriotismo, su
carácter indómito y su identificación con los sectores populares “macheteros”,
siempre tuvo en vilo a los grupos de poder, que terminaron matándolo.
A pesar de la “Política del
Olvido” que acusó el Estado ecuatoriano, secuestrado permanentemente por las
oligarquías históricas a lo largo del siglo XX, la memoria social guardaba los
hechos de la muerte de Alfaro y el proceso revolucionario, atravesó 100 años.
Alfredo Pareja Diezcanseco cuenta que poco después de su muerte, imágenes de
Don Eloy estaban colocadas hasta en las chicherías de Guayaquil; la gente
gritaba en los espacios públicos: ¡Viva Alfaro! Avanzado el siglo XX
organizaciones de izquierda reivindicaron su nombre y acción; grupos musicales
produjeron melodías evocando la gesta; la fuerza del recuerdo llevó a las
instituciones locales a colocar su nombre en plazas, parques, escuelas y
calles. Los artistas consagraron su imagen en retratos y monumentos; los
escritores de avanzada produjeron poesía y narraciones sobre su vida y obra,
una de ellas, la “Hoguera Bárbara”. A pesar de los relatos reducidos y sesgados
de los textos escolares, muchos de los maestros con iniciativa propia
trasmitieron con unción los hechos de la Revolución, inflamando los
sentimientos de varias generaciones anteriores a la instauración del Estado
neoliberal. Esa memoria popular y colectiva afloró de pronto a principio del
siglo XXI, justamente cuando se había exacerbado la “Política del Olvido” por
parte de los gobiernos neoliberales: La gente se tomó un espacio mediático que
parecía tener meros propósitos comerciales y eligió a Eloy Alfaro, como el
“Mejor ecuatoriano de todos los tiempos”, usando para ello, las nacientes redes
sociales informáticas.
Más allá de la acción del Estado,
la gente rememora a sus héroes y gestas, porque le son útiles en el presente.
Alfaro y la Revolución Radical son recordados, porque sintetizan los más altos
valores e ideales políticos del pueblo ecuatoriano. Su imagen fue construida
desde abajo, convertida en un referente del histórico proyecto político de los
sectores populares, que ajustándose a cada momento, ha buscado la destrucción
de las estructuras coloniales y la construcción de una democracia profunda, una
sociedad igualitaria y un Estado soberano. La nuestra es una sociedad que se
fundó sobre la base de un orden colonial, cuyos rasgos más profundos perviven
hasta el presente: el racismo, la segregación, la exclusión, la inequidad, el
corporativismo, la desigualdad social y económica. La nuestra es una sociedad
que también enfrenta durante el largo período republicano al proyecto político
hegemónico y dominante, cuyos agentes pretenden usar al Estado para la
acumulación de riqueza y renta particular, proteger el capitalismo especulativo
y financiero, y por lo tanto, mantener una sociedad dividida por el principio
de la pigmentocracia, garantizando los privilegios para una minoría. Alfaro
representa la lucha de los ecuatorianos contra esas estructuras.
Un siglo después, Alfaro y la
Revolución, no han sido olvidados. Las llamas de la Hoguera Bárbara fueron
finalmente un marcador de memoria colectiva, memoria que es en sí mismo una
forma de contestar y condenar al magnicidio y la violencia de las oligarquías;
y por otra parte, se convierte en un continuo espacio de reflexión para
identificar en qué punto se encuentra el histórico proyecto popular, cuáles son
los poderes fácticos que lo detienen, cuál debe ser la estrategia y los nuevos
elementos que deben ser incorporados en ese complejo proceso de redefinición de
un Estado Nacional – plurinacional, y la búsqueda de una sociedad de justicia y
democracia plena. El recuerdo de un hecho trágico, cuyo signo es la muerte, se
transforma por acción popular, en un símbolo vivo del espíritu revolucionario
de los ecuatorianos. La memoria colectiva ha canonizado a Alfaro y su
Revolución, que finalmente fue una gesta del pueblo ecuatoriano. De esta forma,
a través de Alfaro, los ecuatorianos se recuerdan a sí mismos.
Tomado de: La Hoguera Bárbara.
Agenda Comisión Interinstitucional
No a la impunidad
Marcela Costales,
Viceprefecta de Pichincha
Decía Simón Bolívar: “…me tocó la
misión de relámpago, iluminar un instante las tinieblas, rasgar la oscuridad y
volver a sumirme en el abismo”. Seguramente esto que dijo Bolívar en los
momentos de gran aflicción espiritual también habrá sentido Alfaro, también
habrá sentido Manuela Sáenz, habrán sentido todos aquellos grandes seres
humanos que entregaron su vida por una causa y que se vieron traicionados y que
se vieron solos y que se vieron abandonados.
Pero la verdad no es esa; aquel
que rasgó como Bolívar o Eloy Alfaro las tinieblas nunca puede volver a sumirse
en la oscuridad, está presente y vivo en el corazón de todos los que amamos la
Luz y la Verdad; así que su vida no pasó desapercibida.
Son cien años del asesinato de
Alfaro, pero son también cien años de que se inaugurara la impunidad, la
violencia, como dijera el Cónsul de Inglaterra que fue testigo de lo que
sucedió aquel 28 de Enero sangriento: “He visto muchas otras revoluciones, he
visto países levantados en armas, pero nunca he visto tanta maldad, tanta sed
de sangre y tanto olvido e incapacidad del Gobierno para defender a quienes son
los mártires”. No puede seguir instalada la impunidad, no puede seguir
instalada la violencia, el pensamiento de Alfaro y su legado nos debe llevar a
proclamar en este centenario: No a la impunidad de todo género y No a la
impunidad política que ha tratado de quitarnos la memoria histórica.
Y lo peor de todo, compañeras y
compañeros, hacer de Quito la asesina de Eloy Alfaro, lo que no es verdad.
Quito con sus 65 rebeliones contra la Corona Española es una ciudad libertaria
y no fue Quito la del martirio, fue la oligarquía, los poderes fácticos, la
prensa, la iglesia, todo aquel que luchó contra el pensamiento laico. Así que
en este centenario debemos quitar esa mácula a la ciudad libertaria, a la
provincia libertaria de la cual Simón Bolívar dijera: “Pichincha es la libertad
para América”.
Y nos dice con toda razón el
descendiente de Luciano Coral: “No es solamente la muerte de Alfaro, él es la
tea ardiente, pero detrás de él estuvo todo un pueblo”. Y estuvo Luciano Coral
pluma y espada, el secretario de Eloy Alfaro, aquel que presintiera su muerte y
diría: “…en la mitad del día más hermoso puede transformarse en noche de
tormenta y venir el caos de la muerte”. Presintió su muerte como se presiente a
veces la grandeza de la vida; pero también es el nombre del Tigre de Bulu Bulu,
del General Montero, el de Yaguachi, quien fuera sacrificado en Guayaquil. Y
también de los dos Alfaros, Medardo y Flavio Alfaro, y de Ulpiano Páez, aquel
glorioso guarandeño que supiera decir con entera verdad: “esta tierra no es de
traidores, esta tierra es de gente que ama la verdad, la justicia y la
libertad”. De todos ellos es el legado, no solamente el legado de Alfaro,
también es el legado de los negros de Vargas Torres, de las montoneras de
Esmeraldas y de toda la sangre india corriendo a torrentes por Alejo Sáez y el
Coronel Guamán, levantados en cornetas generales y coroneles de Alfaro que
supieron ser la voz de Los Andes, en una Revolución Liberal que hoy se
reproduce en la Revolución Ciudadana, es la revolución de la diversidad; es la
revolución del pensamiento indio, del pensamiento negro, del pensamiento
mestizo.
Y está con Alfaro la gloriosa
Ñata Gamarra representando a la mujer montonera, aquella a la que todavía le
dice el amorfino (copla montubia): “Adiós Ñata bonita, combatiente y montonera,
dame en el cielo una cita, que Palenque de nuevo te espera”. La mujer en la
Revolución Liberal, la mujer montonera: aquella que llevaba su hijo a las
espaldas, los tiros como collar de fuego atados a su cuello y que era
montonera, combatiente, cocinera, amante, guaricha y que supo ser la base de la
Revolución Liberal y que nadie la ha reconocido. La que no pidió ni una
condecoración, ni un premio, ni una estrella, ni dinero y regresó, cuando pudo,
a su casa, pero que hoy vive en el corazón de todas aquellas que sentimos que
en la Revolución Ciudadana ha renacido la Revolución Liberal y está presente el
legado de la mujer montonera.
De tal modo que no es solamente
un nombre, es también el legado del amor, es la palabra de Alfaro a su Anita
Paredes Arosemena, aquella Anitilla a la que amó tanto y a la que decía en una
de sus más hermosas cartas: “Con esta mano, con la mano derecha, con la que
tomo el sable, la espada y la pluma, con ésta me arranco el corazón todas las
noches para no morir de nostalgia al no poderte tener cerca de mí”. Es la
revolución del amor
Y es la revolución de América
porque Alfaro es Panamá y sus exilios; Alfaro es Costa Rica y su madre
abandonada en esa nación amiga; Alfaro es Nicaragua, que le dio el grado de
General de División y Alfaro es Perú y Lima, que hasta hoy tiene los acordes
del vals “Alfaro en Lima” y Alfaro es Venezuela y Alfaro es Chile y Alfaro es
el nuevo pensamiento de América que cuando el mundo se derrumba, el mundo
capitalista cae, empieza a unirse más señera que nunca, para dar ejemplo de
cómo recuperar los más altos grados de valores humanos.
De manera que Alfaro es la
memoria colectiva y esta vez no será únicamente Pichincha la que se movilice,
será La Esmeraldas de Vargas Torres, Los Ríos de la Ñata Gamarra, El Oro del
General Serrano, Guayas del Tigre de Bulu Bulu, Carchi de Luciano Coral,
Guaranda de Ulpiano Páez, vienen todos para decir presentes por qué el 28 de
Enero proclamaremos: No a la Impunidad, no a la violencia. Sí a la recuperación
de la memoria colectiva y el descendimiento, el segundo gran descendimiento de
Pingaroa, el Cóndor de Fuego de los grandes padres ancestrales, que bajará
desde el Pichincha para tomar el corazón azaroso de Alfaro desde la Hoguera
Bárbara y proclamar que renace en el corazón de todas y todos los que amamos la
Patria y la Libertad.
Tomado de: La Hoguera Bárbara.
Agenda Comisión Interinstitucional
EL MEJOR ECUATORIANO
Don Eloy, el mayor ecuatoriano de la historia
María Fernanda Espinosa, Ministra Coordinadora de Patrimonio
Don Eloy es sin duda el mayor
ciudadano ecuatoriano de la historia. El Viejo Luchador es ejemplo para todos
quienes creemos en una patria justa y equitativa; honesta y solidaria. Eloy
Alfaro fue un hombre que amó profundamente a su patria, por la que incluso
entregó su propia vida. Fue un gran visionario y con sus ideas, su espada y su
inquebrantable valor logró iniciar la transformación del Ecuador de aquellos
años.
Como nadie luchó por los pobres y
olvidados; por los oprimidos y excluidos. La Revolución Alfarista transformó de
manera profunda las condiciones políticas, sociales y culturales del Ecuador.
Los excluidos y olvidados se convirtieron en ciudadanos con derechos civiles y
políticos. Creó el Registro Civil para que todos puedan inscribirse como ecuatorianos
y sin necesidad de tener dinero, ser católico o tener “linaje”. Eliminó el
concertaje, aquella forma de explotación de trabajadores, sobre todo
campesinos, montubios e indígenas. Sus ideales le llevaron a entender que la
educación debía ser para todas y todos, y debía ser laica y gratuita. Por ello
fundó los colegios que después de 100 años siguen siendo los más importantes
del país como: el Colegio Militar que hoy lleva su nombre; el Colegio Bolívar
de Tulcán y el Colegio Nacional Mejía. Fundó los colegios normales para
preparar maestros, como el Juan Montalvo y Manuela Cañizares, entre otros,
también fundó la Escuela de Artes y Oficios, y la Escuela de Bellas Artes.
Eloy Alfaro Delgado es uno de los
pilares fundamentales en los que se asienta la profunda vocación democrática de
los ecuatorianos. Por ello, conmemorar los 100 años de su asesinato, debe ser
una manera de recuperar sus ideales, su lucha, su entrega. Y, sobre todo,
reafirmar nuestra convicción de cambio y transformación a través de la
Revolución Ciudadana para profundizar aquellos logros de la Revolución
Alfarista y, además, para que aquellos sueños que fueron truncados por la
Hoguera Bárbara, hoy se hagan realidad.
Alfaro alentó la conformación de
los primeros sindicatos, como una forma para mejorar las condiciones de vida de
los obreros, de los artesanos. Alfaro reivindicó a la mujer, la incorporó al
trabajo y la educación, por ello tantas y tantas mujeres se sumaron a su
Revolución, como la Coronela Filomena Chávez, una valiente manabita que fue
expulsada de su escuela, a los 10 años, por gritar ¡Viva Alfaro!
El viejo y querido luchador,
implementó las más amplias libertades, como las de pensamiento, cultos y
prensa. Esa misma prensa que luego la utilizaron para ofenderlo y generar un
ambiente hostil que desencadenó los hechos del 28 de enero de 1912.
Alfaro nos legó un sentido
distinto del ser patriota y ciudadano. Un ciudadano que debe ejercer a plenitud
sus derechos. Alfaro nos dejó instituciones civiles al servicio de los ciudadanos.
Alfaro nos heredó un sistema educativo laico, de calidad y para todos. Alfaro
lideró el proceso de integración y unidad nacional; nos dejó un sistema
ferroviario para mejorar el comercio interno y combatir la lejanía y el
asilamiento de cientos de pueblos y comunidades. Ese mismo ferrocarril que
ahora vuelve a renacer para orgullo de todos y todas. Ese mismo ferrocarril que
vuelve a dinamizar las economías locales y a generar empleo. Ese tren
patrimonial que vuelve a unirnos y a juntarnos.
Alfaro además tuvo una visión
continental; el Ecuador debía ser parte de una gran nación, de una comunidad
internacional soberana e independiente. Alfaro abrió el camino para las artes y
las ciencias. Y liberó a los campesinos, montubios, cholos, negros, otorgándoles
un rol protagónico de derechos y libertades.
El Viejo Luchador no murió en el
arrastre ni en la Hoguera Bárbara de las oligarquías; Eloy Alfaro vive en cada
espíritu libre que lucha por un país distinto. Alfaro y sus montoneras y todos
aquellos que murieron junto él, como sus hermanos Medardo y Flavio; Ulpiano
Paéz, Manuel Serrano y Luciano Coral, entregaron su vida por un país para
todos, son nuestra guía y nuestro mayor referente. Por ello hay que recuperar
su pensamiento, su accionar, su vida, su ejemplo.
El Viejo Luchador no es una
estatua inmóvil, es un ser vivo que habita en cada corazón ardiente y en cada
ciudadano honesto. Por eso nuestra Revolución Ciudadana es profundamente
Alfarista y profundamente democrática. Y esta es la razón por la cual, el
Gobierno Nacional creó, mediante decreto ejecutivo, la Comisión Nacional del
Centenario de la Hoguera Bárbara, integrada por varios ministerios y entidades
públicas, a las que se han sumado también gobiernos locales, organizaciones y
colectivos ciudadanos. Por esto, invitamos a todas las ecuatorianas y
ecuatorianos a juntarnos alrededor de la esperanza, para recordar el Centenario
de la Hoguera Bárbara y que esa lección sea hoy el motivo que nos impulse a
continuar luchando por el cambio y la transformación del Ecuador.
Don Eloy Alfaro decía que “los
mártires son los que realmente han redimido a los pueblos. Sin los mártires no
habría libertadores; éstos recogen la buena simiente que sembraron y regaron
aquellos con el sacrificio de su vida.” Hoy, cien años después, la Revolución
Ciudadana recoge esa simiente para seguir construyendo la Patria Nueva. Para
seguir transformando el país con el mismo amor y la misma pasión de Don Eloy.
Levantemos su espada vigorosa para decir ¡Viva Don Eloy, Viva la Patria, Viva
el Ecuador!
“Vamos a seguir sus huellas,
Comandante Montonero.
Estamos aquí, en su pueblo mi General,
Y ante su osamenta
Juramos defender la Patria.
Nunca más, mi General, esta tierra será víctima de opresores;
Nunca más será hacienda de los poderosos;
Nunca más será humillada ni pisoteada:
Esta es la Patria altiva, libre y soberana
que juramos defender con la vida.”
Rafael Correa Delgado
Presidente Constitucional del Ecuador
Tomado de: La Hoguera Bárbara.
Agenda Comisión Interinstitucional
“Pero ya nada pueden hacer contra mí, he empezado ya a
elevarme, porque mi alma, mi espíritu de
luz, los contempla desde arriba, desde
otra dimensión, desde otra realidad.“
Eloy Alfaro
Tomado de: La Hoguera Bárbara.
Agenda Comisión Interinstitucional